En ese momento, piensas en ella, en vosotros, en como cuando tus ojos se cruzan con los suyos pierdes hasta las habilidades más simples, como la capacidad de decirle que todo lo que quieres es os quedéis en ese momento para siempre. Te imaginas al borde del oceano que baña las costas irlandesas, gritando tan alto que te oigan hasta en América, que todo lo bueno que te ocurre es por ella. Te dan ganas de abrir las ventanas de par en par de forma que los rayos de sol bañen todo su cuerpo y puedas observarla mientras la luz recorre su cara y su cuerpo.
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lunes, 5 de enero de 2009
A hundred million suns. Snow Patrol
Los primeros rayos de sol de la mañana empiezan a asomar por los huecos que deja la madera de una vieja ventana. Estáis los dos tumbados en la cama con la mente todavía a caballo entre el sueño y la realidad. Ella saca sus cálidas manos de entre las mantas y las posa sobre el frío radiador que hace meses que está estropeado. Te pone las manos en el cuello y tú murmuras que te deje dormir un poquito más. Pero en realidad no quieres que pare y ella lo sabe, así que no se detiene y desliza sus manos por tu cuello y tu espalda.
En ese momento, piensas en ella, en vosotros, en como cuando tus ojos se cruzan con los suyos pierdes hasta las habilidades más simples, como la capacidad de decirle que todo lo que quieres es os quedéis en ese momento para siempre. Te imaginas al borde del oceano que baña las costas irlandesas, gritando tan alto que te oigan hasta en América, que todo lo bueno que te ocurre es por ella. Te dan ganas de abrir las ventanas de par en par de forma que los rayos de sol bañen todo su cuerpo y puedas observarla mientras la luz recorre su cara y su cuerpo.
En ese momento, piensas en ella, en vosotros, en como cuando tus ojos se cruzan con los suyos pierdes hasta las habilidades más simples, como la capacidad de decirle que todo lo que quieres es os quedéis en ese momento para siempre. Te imaginas al borde del oceano que baña las costas irlandesas, gritando tan alto que te oigan hasta en América, que todo lo bueno que te ocurre es por ella. Te dan ganas de abrir las ventanas de par en par de forma que los rayos de sol bañen todo su cuerpo y puedas observarla mientras la luz recorre su cara y su cuerpo.
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